Somos eternos en las palabras
que dejamos dispersas en la vida,
cada historia, cada poema tiene
un poco de nuestra alma viva.
De esa luz primera que nos trajo
van quedando rastros apenas,
como pequeños y leves retazos
de lo que fuimos en la tierra.
Quien nos lea tal vez vea
esa belleza que nos convierte
en torpes apresurados poetas
a cargar todo de significado.
A dibujar sutiles ocasos
con el lenguaje que usamos,
ese idioma acaso heredado
por consignas del destino.
Somos eso que escribimos,
esa es la imagen que queda,
lo demás es una apariencia
que el tiempo entierra.
miércoles, 15 de febrero de 2017
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