domingo, 21 de junio de 2009

DÍA A DÍA

Habías vuelto a mi vida
como la sonrisa que se desea;
como la suave brisa que del sur acaricia
así era tu compañía en los días
preciosos donde en las mañanas venías
a mi casa y me colmabas de dicha.

Me dejabas las flores de tus besos
en los frágiles jarrones de los recuerdos,
en el pensamiento tu nombre, un reflejo
del brillo de tu mirada era mi luz
en las noches cuando estabas lejos.

Pero ahora, de repente, no comprendo
que pasa que no estás conmigo,
dónde quedaron todos aquellos suspiros,
las palabras que nos dijimos,
las promesas que nunca se cumplieron.

Los proyectos aquellos donde una casa,
una vida juntos y hasta nuestros niños
corriendo por la plaza en las primaveras
venideras en nuestra historia de un amor
que siempre nos traía cosas buenas.

Acaso haya sido yo quien ha caído,
quien ha demolido, sin saberlo, el cariño,
ha talado los frondosos árboles de los sueños,
ha envenenado las aves cuyo vuelo apenas
se estaba remontando hacia un cielo.

Que amanecía conmovido al encuentro
de nuestros cuerpos y almas,
de nuestras manos y las palabras
mencionadas en tantos libros de poemas
que se han escrito con la magia

de los amores que son todos el mismo eco.

Una sola fuente de la cual beben todos,
una luz que se divide en varios colores
ante el prisma de historias distintas
pero que, en definitiva, es la misma
historia de un amor que no termina.

O tal vez no nos dimos cuenta
que este amor se nos moría, o no era
un amor con una raíz infinita
que bebía del agua bendita de la melodía
que cantan los ángeles en cada estrella.

Luna que se hundía en un abismo
muy profundo y siempre vacío
donde terminan todos los designios
del destino manejado por albures
que hacen su partida en este juego

donde día a día algo perdemos.

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