martes, 24 de marzo de 2009

ESPERANZA PERDIDA

Estoy vivo porque pienso,
porque me atrevo y soy insolente
con los esquemas que me envuelven,
que dictan lo que se piensa y se siente.

Como si fuéramos todos clones,
o una raza nueva de perros,
respondemos a modelos y somos floggers,
emos... cumbios o quien sabe.

Como una marca que se compra,
un molde al que nos acomodamos
en una búsqueda de identidad
prefabricada y muy mediocre.

No nos damos cuenta que eso nos aleja
de la misma maravillosa naturaleza
de seres pensantes que descubren
día a día las verdades eternas.

Caemos y perdemos el alma,
con falsas palabras, con dioses
de oferta en los viejos negocios
de la mediocridad siniestra.

Acaso parezca un loco, un viejo,
un tipo que es muy necio y no admite
que todo va cambiando, pero noto,
con mucho espanto, que caemos todos.

Nos hundimos en un sucio fango
de lujos baratos, de ropa en masa,
de no pensar nada, que todo pasa,
que nada importa, que nada acaba.

Que la vida es anular la realidad
llenándonos de coloridas pastillas
y somos como ovejas ante un lobo
muy poderoso que nos alimenta.

Se pierde así el arte, se olvida
todo lo que nos ha pasado y hiere
ver en este lado del universo
a los seres que habitan este planeta.

Somos menos que ratas,
meros íconos vacíos en una semiótica
de signos malditos que no dicen nada,
que la inteligencia no evoluciona

que se ha perdido la esperanza.

2 comentarios:

artemisa dijo...

Me gusta el tono de este poema, las palabras que usaste y las metáforas, y lo cerca que rondaste a la realidad. Me gusta escucharte decir palabras comunes, bajar un poco de ese pedestal a la poesía que sólo permite hablar de lo bello y lo bueno, de los ideales perdidos y su añoranza. Me gusta cuando la poesía baja del terreno de las musas, se pone ropa de mina común y dice las cosas sin eufemismos. Si "el lujo es vulgaridad", cuando ella lo dice me conquista.

besos

Arte

Martín_Espinoza dijo...

A este poema lo escribí anoche. En él traté de decir cosas que pienso de la mejor manera que em sale: la poesía.

La pesía es parte del hombre, de su alma. Ella tiene el poder y la gracia de cantar a lo sublime pero también de denunciar lo malo que nos pasa.

Pero siempre es poesía, siempre es un reflejo del alma, del don que Dios nos ha brindado.