domingo, 20 de abril de 2008

ILUSIÓN QUE TUVE UN DÍA (*)

A veces, el destino se anuncia en pequeños detalles, simplemente hay que estar atentos a esas señales que son como estrellas fugaces.

Un día cualquiera. Un mes cualquiera de un año más de tantos.

La rutina era un cúmulo de hechos que, por iguales, pasaban ya desapercibidos. Pero aquella vez, aquella tarde, algo iba a cambiar todo para siempre.

Y no iba a ser un día cualquiera, en un mes sin importancia. Así son los milagros.

Salía del trabajo, lo recuerdo, y de repente fui atravesado por el fuego de una mirada que no había visto antes. El tiempo no pasa en esos momentos y no sé como dejé mi camino para a ir a un extraño encuentro.

Era como la imagen de un espejo. Un reflejo, un destello en la noche que me hizo ver todo diferente. Todo era igual pero a su vez distinto. Las flores, el cielo, hasta la gente de siempre.

Pero estaba ahí... Mirándome de frente, de pie entre todos y era como si estuviéramos solos, como si el universo fuera un telón para aquel maravilloso acontecimiento. No sé si hubo palabras, no sé si le dije algo, si la tomé de la mano, pero la recuerdo sonriendo.

Dándome una paz infinita y una alegría como un océano.

Desde aquel instante algo en mi ha cambiado, algo es mejor dentro de mi pecho. Puedo ser valiente, loco, poeta y bohemio sin medidas. Dejarme caer en las esquinas y caminar bajo la lluvia sin paraguas. Besar las flores siempre tímidas.

Las noches tienen fantasías de soñar despierto. Los días son la maravilla más linda. Si hasta la luna me brinda colores para las melodías de las aves que tantos poemas recitan.

Será el amor lo que me brinda esta alegría y esta tristeza honda que me martiriza. Será el amor lo que me impulsa y, su vez, me paraliza.

Uno teme perder todo en un segundo y, a su vez, sabe que no existe eso que llaman tiempo, eso que miden los relojes con sus números perfectos.

Pero estaba ahí... la recuerdo muy bien. Como una imagen de belleza entre las tinieblas de una rutina que agobiaba mi vida, un laberinto que no conducía a nada más que a una oscura desidia.

Quizás algunas vez más pueda volver a verla. Pueda volver a tener aquella dicha que es un recuerdo o una ilusión que tuve un día.


(*) Otro intento de prosa poética

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